Peregrinaje en Mendoza, Argentina, tierra de vino y gente noble

Texto y fotos: Héctor Arjona.

El avión de American Airlines se posa con la delicadeza de una bailarina sobre la pista de aterrizaje del aeropuerto de Ezeiza en Buenos Aires, Argentina. Al día siguiente un autobús me llevaría a la meca del vino argentino, Mendoza, donde me procuré los servicios de un chofer-guia, Emilio, entusiasta del vino y gran conocedor de la región, de charla fluida y maneras impecables. De visita en Trapiche, una de las bodegas más grande de este país, Gastón Re, sommelier de la bodega, me guió por todos los recovecos de la enorme casa. Esa tarde se convirtió en una especie de Virgilio y yo como buen Dante me deje llevar. Bebí varias copas de diferentes botellas en la sala de degustación, un recinto moderno combinado con elementos clásicos como la bodega y sus barriles que se ven a través de un piso de vidrio. Mi visita se extendió más allá de lo programado y al abandonar la sala ya sabía más de vino y de los males de amor de mi amigo Gastón.

 

Esa noche, antes de cenar en el restaurante del hotel boutique club Tapiz, tuve otra  degustación en la sala de estar del pequeño hotel. La propiedad se encuentra en medio de un enorme viñedo y las noches en Mendoza son frescas. La chimenea calentaba la sala y los diferentes vinos del viñedo Tapiz se acompañaban muy bien con canapés y empanaditas de carne. Arreglé una visita al viñedo principal de Tapiz al día siguiente. EL TURISMO ENOLÓGICO Los mendocinos han sabido aprovechar la riqueza de su tierra no solamente creando excelente vinos, sino también desarrollando una industria paralela, la del turismo, no sólo con grandes hoteles de calidad y clase mundial como el Hyatt Park Regency, sino también con toda una amplia gama de hoteles boutiques, ofreciendo el concepto de pasar una noche en mitad de un viñedo como en Club Tapiz, o bien, sitios íntimos como Casa Margot, con únicamente dos habitaciones y un servicio caluroso y refinado.

El Malbec es la uva insignia de la región

 

 

Exposiciones artísticas y eventos culturales se realizan en las casas vinícolas y en ocasiones dentro de las mismas cavas, como es el caso de Salentein, instalado en los límites del Valle de Uco, famoso por la calidad de su vid y sus paisajes a los pies de la cordillera de los Andes. Esta moderna empresa le ha apostado al arte contemporáneo local; estructuras de bronce decoran la entrada principal y dentro de este gran espacio se encuentra un museo, el Kilka. La cava de Salestein es un lugar lleno de mística, dispuesto de una impecable manera geométrica, semejando más un rincón templario que a una cava de Malbec, un anfiteatro rodeado de viejos barriles con una flor de los cuatro vientos plasmada en piedra sobre el piso, en donde reposaba un piano, listo para el concierto que se realizaría esa misma noche. Otra de mis visitas fue a la bodega Nortón, con su extenso viñedo muy parecido a una postal. Álvaro Aguero fue el encargado de darme un paseo por las instalaciones a bordo de un carrito eléctrico en el que cruzamos los viñedos; de frente teníamos nuevamente la cordillera copada de nieve. Después de presenciar el largo y complejo proceso desde la uva a la botella, degusté algunas exquisiteces directamente sacadas del barril. Esa tarde tenía un nuevo amigo, Álvaro, quién colgó los tacos de futbol para dedicarse enteramente al vino, su otra pasión.

 

Una gran sorpresa de Nortón es su discreta producción de Grappa, la cual podría convencer al más purista de este destilado, ideal como digestivo después de una copiosa comida y una amena compañía en el restaurante La Vid, de la misma bodega, diseñado con mucho tacto y finura. Si visitas esta bodega no pierdas la ocasión de almorzar en este lugar, abierto solo durante el día. No importa los vinos que degustes, todos te aconsejarán de acompañarlos con un asado y puré de choclo (maíz). La comida hecha con tiempo y amor, son la otra parte de esta aventura enóloga. El tinto más exquisito, sacado de su barrica

Un carro es indispensable para trasladarte de una bodega a otra. Puedes rentarlo, aunque lo ideal es procurarte los servicios de un chofer-guía y no tomar riesgos inútiles mezclando el vino con el volante, disfrutando así de la amplia variedad de etiquetas que ofrece la región. Puedes pedir que te contacten con uno en la oficina de turismo o con tu hotel. Mi guía fue el Sr. Emilio Celen y su teléfono: 00 (54) 0261-5197795.