Pátzcuaro y su arquitectura vernácula

La primera ciudad michoacana en recibir el nombramiento de Pueblo Mágico en 1991 fue Pátzcuaro, uno de los centros ceremoniales más importantes de los purépechas y otro de los puntos más destacados de la Ruta de Don Vasco, gracias a su hermosa fisionomía en calles, plazas y construcciones.

Si bien es conocido por su muelle del que parten las embarcaciones hacia la isla de Janitzio y que durante la celebración del Día de Muertos adornan el Lago de Pátzcuaro con velas y flores, este pueblo tiene su propio encanto, sobre todo al caer la tarde sentado en la Plaza Vasco de Quiroga, cuando los últimos rayos de sol pintan de naranja el adobe de los muros y la madera de los techos.

Pátzcuaro se disfruta conociéndolo a pie. Nuestra guía nos recomendó comenzar por la Basílica de la Virgen de la Salud, que a diferencia de muchas, no se encuentra en el centro de la ciudad;  fue construida por mandato de Don Vasco de Quiroga y en la cual reposan sus restos dentro de un mausoleo. Una calle hacia el centro, se encuentra en el Museo Regional de las Artes e Industrias Populares que cuenta con una de las mejores colecciones de artesanías de lacas, textiles bordados, figuras de cera, madera y barro.  En el patio posterior están vestigios arqueológicos de basamentos prehispánicos.

Justo enfrente del museo está el Centro Cultural Ex Colegio Jesuita y en la esquina siguiente la Iglesia El Sagrario y hospital de Santa María, que ofrece una de las fotografías clásicas de Pátzcuaro, con su fachada estilo barroco con modificaciones neoclásicas. Caminando hacia la Plaza Don Vasco hallarás la Casa de los Once Patios, un conjunto de edificios coloniales que fungieron como convento de monjas dominicas. Hoy aguarda talleres y tiendas de artesanías, pero sólo se conservan cinco patios, con estilo barroco, arcos y fuentes, así como un baño con columnas salomónicas con una tina de piedra en forma hexagonal.

De aquí, el curso de la calle te llevará a la Plaza de Don Vasco, rodeada de edificios de la época colonial en estilos barroco y neoclásico. Sus 160 metros de largo y 130 de ancho la han llevado a ser considerada una de las plazas públicas más grandes y bellas de América.

Centro purépecha y otro pueblo mágico

Para llegar a Tzintzuntzan,  desde Pátzcuaro hay que transitar por la carretera hacia Morelia, entroncando en el crucero a Zurumútaro y luego por el camino que lleva a Tzintzuntzan, una de las centros ceremoniales más importantes del Imperio Purépecha, que en esa lengua significa “Lugar de colibríes”, consideradas las aves sagradas que traían las buenas noticias de los dioses.

Se dice que una vista aérea de las cinco construcciones de la zona arqueológica que se encuentra aquí representan figuras de colibríes. Y es que a diferencia de la mayoría de vestigios prehispánicos, la peculiaridad de éstos es que sus basamentos son redondos.

Aquí apreciarás una técnica de construcción llamada yácata, donde se coloca piedra sobre piedra sostenida por lajas, además de petrograbados con figuras que simbolizan el viento, el tiempo, al ser humano o deidades.

Otro punto de interés en el pueblo de Tzintzuntzan es la parroquia y convento franciscano del siglo XVIII que actualmente se encuentran en restauración. En este sitio en 1908 se celebró por primera vez una misa en Michoacán a cargo de Vasco de Quiroga. Aquí te invitamos a conocer la recreación de una cocina tradicional michoacana, así como un santo entierro de un Cristo de madera al que le han tenido que aumentar el tamaño de la vitrina donde se encuentra porque ha crecido varios centímetros.