Tres consejos para viajar por Asia y la historia de un viajero

Por: Javier Bautista.

He estado en un momento de cambios en mi vida, que incluye un viaje que para México representan 12 horas de diferencia y literalmente vivir en otro día. Ahora estoy en países tan asombrosos que parecen de película y ni yo mismo me la creo: Tailandia, Camboya y Vietnam.

Me llamó Javier, acabo de cumplir 30 años, soy abogado de la Ciudad de México; amo el fútbol, pero sobre todo amo viajar.

¿A quién no le han dado esas mariposas cuando ve a la niña o al niño que le gusta?, ¿Quién no ha gritado un gol de su equipo o de la selección? Pues a mí, además de pasarme con eso, me pasa cuando doy click y compro un boleto de avión, de autobús o de lo que sea para ir y conocer un lugar nuevo.

Honestamente y para mi fortuna, mi madre, de la cual siempre renegaba (quién no), me dejó muy marcadas las ganas de viajar. Con ella empecé lo que tal vez se convierta en un recorrido que me lleve por todo el mundo (y evidentemente por todo México).

Escribo este texto mientras voy en camino a una ciudad flotante y un lago en Camboya, específicamente en la provincia de Siem Reap.

A decir verdad las ganas por escribir me surgieron por la sonrisa que nuestro guía nos ha dado todo el camino, una sonrisa tan significativa que me ha sacado de mi espasmo mental.

Como comprenderán eso de ser abogado y llevar una vida de godín quita mucho tiempo, pero a la vez me ha permitido ver y me ha dado más ganas de salir y conocer lo que hay afuera de una oficina.

Justo cuando salía a Los Ángeles y de ahí a Beijing vi un anuncio que decía "Viajar es vivir". Nada más cierto que esa frase. Ahora mientras voy en un camión con japoneses, chinos, camboyanos, gringos, holandeses, italianos y personas que ni siquiera reconozco su idioma, reflexiono y me repito lo que una amiga me mandó por mensaje antes de salir de viaje al Sudeste asiático: “El viaje te cambia; te debe cambiar. Deja marcas en tu memoria, en tu conciencia, en tu corazón y en tu cuerpo. Te llevas algo contigo. Y con suerte, podrás dejar algo bueno detrás”.

Y lo primero que me llevo de estos países asiáticos es su amabilidad y sus sonrisas. Cuando lees en Internet sobre estos destinos todo parece confuso y complicado. No lo niego, lo es, pero no tanto.

Primer consejo: viaja sin miedo, pero infórmate un poco sobre Asia, lee lo más que puedas y saca tus propias conclusiones. Por ejemplo, para muchas naciones necesitas una visa por país.

Tailandia y Vietnam te piden llevar la visa desde tu país de origen (caso de México). Camboya se puede sacar llegando al país.

Segundo consejo: trae contigo fotos tamaño pasaporte, sirven para la visa en Camboya o un re-entry en Tailandia.

Tercer consejo a propósito del segundo: es muy fácil querer salir y recorrer los países cercanos a Tailandia. La mayoría escogemos Bangkok como punto de partida por ser tal vez la ciudad más grande y con mayor conectividad por esta parte del mundo, así que tendrán dos opciones dada la necesidad de obtener una visa para Tailandia. La primera, sacar una visa de múltiples entradas a Tailandia que cuesta $170 USD y te piden “hasta el perico” para comprobar que tienes como mantenerte. La segunda, un visa de una entrada y sacar un re-entry en Tailandia, que cuesta $1000 baths, $30 USD aproximadamente, y para el cual también necesitan sus fotos.

Conclusión, no se asusten, hay muchas opciones. El sur de Asia ofrece más de lo que se imaginan.

PD. Creo que algo bueno que he dejado atrás también son sonrisas. ¿Se imaginan aún monje budista pidiéndote una selfie contigo después de platicar sobre su primera visita a AngkorWat y México?

Me hace muy feliz haber podido platicar y tomarme unas fotos con esas personas que transmiten tanta amabilidad, sabiduría y sobre todo paz.

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