Día de Muertos en México, puente entre la vida y la muerte

Texto: Anatanael Medina

Hablar del día de Muertos en México, es hablar de tradiciones ancestrales, de folclore desbordado, ritos llenos de antigüedad y modernidad, lo que lo convierte en un ritual auténtico para quienes participan en ellos. Durante estas celebraciones, que inician en algunos lugares desde el 28 de octubre y terminan el 2 de noviembre, se desborda el fervor por la memoria, una entera devoción por los seres que han partido del plano humano. Padres, hijos, hermanos, amigos o cualquier otro parentesco, se borra para convertirlos en los Fieles Difuntos. El día de Muertos es la segunda celebración religiosa de mayor importancia en México, por su origen prehispánico.

El origen de las ofrendas se dio entre los años mil 800 y mil 500 A.C, tiempo en el cual ya los pueblos mesoamericanos sepultaban los cadáveres acompañados con ricas ofrendas de cerámica, alimentos y utensilios personales. Hagamos un recorrido por los principales lugares de la República Mexicana que cuentan con festejos muy tradicionales y ricos en expresiones populares.

Mixquic, en Tláhuac

Ubicado al sur-oriente de la Ciudad de México, la comunidad de San Andrés Mixquic se ha vuelto un lugar obligado para conocer el significado de esta tradición. Las familias de esta comunidad inician los preparativos desde dos semanas antes; en las casas se coloca una estrella de papel con una luz central y es retirada hasta el 3 de noviembre, con el objetivo de guiar a las almas que vienen de visita.

Una de las actividades que indican el inicio de los festejos, es la limpia de tumbas y casas, así como la colocación de altares y ofrendas. Cada elemento, hasta el más mínimo, tiene un objetivo particular con lo que se completa un verdadero círculo de culto y devoción a nuestros difuntos. El amarillo del cempasúchil, ilumina el camino de las ánimas en la oscuridad; el pan de muerto representa los cráneos de los enemigos vencidos y la caña es símbolo de las varas donde se ensartaban; no puede faltar la fotografía del difunto y sus objetos personales de mayor valoración.

En Mixquic se da una gran importancia a los “niños difuntos”, a quienes se celebra el 1 de noviembre. Las ofrendas deben ser coloridas y alegres, se colocan juguetes a escala y se debe cumplir con un requisito, ningún objeto de adultos, pues las almas de estos menores se entristecerían y dejarían de asistir a su propio homenaje.

El festejo es ese día porque se cree que por ser de niños, las almas corren y llegan primero. Los habitantes de Mixquic se van de paseo por todas las casas, ofrendando en la mayoría posible de altares. La visita termina en el panteón con una comida en honor de los difuntos y el cual es alumbrado por miles de velas.

Oaxaca

Durante la época prehispánica en Oaxaca convivieron diversos grupos étnicos, entre los que sobresalieron los zapotecos y los mixtecos, alrededor de quienes se desarrolló una parte importante de la historia del Estado. En Oaxaca no se puede hablar del Día de Muertos, lo más apropiado es decir La Semana de los Muertos, pues ocho días antes de la fecha tradicional los festejos inician con la compra de los productos para los altares, lo que le confiere un ambiente festivo en toda la región.

Por su parte, habitantes de la Sierra Mixe preparan los alimentos tradicionales, como los tamales y diversas presentaciones de mole. En esta comunidad, cada elemento es tratado con respeto y devoción. Se elige la habitación más grande de la casa para la colocación de la ofrenda. Los instrumentos musicales que serán utilizados son limpiados y pulidos, pues la música será la conexión entre vivos y muertos. Entre los platillos que destacan por su particularidad se encuentran codornices y conejos, que son preparados según el gusto de los difuntos.

Otras comunidades encienden fogatas en cada esquina de las calles para guiar a las almas por el camino seguro. Desde la calle se hacen senderos con pétalos de cempasúchil para conducir el alma hasta el altar que se ha hecho en su memoria.

Michoacán

Este Estado también está conformado por una gran cantidad de etnias. Entre las tradiciones más sobresalientes del Día de Muertos, está la de Pátzcuaro y Janitzio, en la cual el 1 de noviembre se realiza el ritual del “Pato sagrado”, que consiste en la caza de uno de estos animales, con el objetivo de alimentar a los vivos, quienes esperan a los Santos Difuntos durante la madrugada del 2 de noviembre.

Los altares se estructuran en tres niveles; en el superior al centro del altar, se coloca el retrato del difunto a quien se dedica el altar. En el nivel intermedio suele ponerse comida, bebida, dulces típicos y objetos que gustaban al muerto. Y en la parte inferior, además de leña, carbón, un brasero o tres piedras empleadas como piragüas para formar un fogón, se coloca agua y una cruz de ceniza o de pétalos de cempasúchil.

El Día de Muertos es un alegre festejo, pero la Noche de Muertos se torna lúgubre al sonar de las campanas. Los habitantes llegan vestidos de negro, con ofrendas, dulces y panes, la mayoría de manufactura casera, que dejan sobre las tumbas, donde lloran y rezan por sus muertos. Cuenta la leyenda que el amor de un príncipe y una princesa purépechas se vio truncado por la conquista española, por lo que el heredero de Janitzio, Itzihuapa, intentó obtener el tesoro que se encuentra sumergido en el lago, pero fue atrapado por los veinte guardianes que lo resguardan, convirtiéndose en un guardián más.

En la Noche de Muertos todos los guardianes del tesoro despiertan y suben la cuesta de la isla. Los Príncipes Mintzita e Itzihuapa van al panteón para recibir las ofrendas de los vivos.

La Huasteca Potosina

Es una de las zonas más ricas en cultura y tradiciones de San Luis Potosí. El día de muertos o Xantolo se celebraba con altares construidos con piedras y a los que se les colocaban sahumerios y copal en recipientes de barro con formas de animales. En Tamazunchale se dice que festejar a los muertos es celebrar a la vida. Dicta la tradición que cuando alguien muere no desaparece, sino que permanece entre la humanidad a través de estas celebraciones.

Uno de los aspectos sobresalientes del Xantolo es la construcción de dos arcos (altares típicos de la región), uno frente a la casa y otro frente a la ofrenda, y se cree que cuando una persona llega de visita, viene acompañada de un alma, por lo que se les trata con gran hospitalidad. Cada año los huastecos se preparan para recibir a sus fieles difuntos empezando una semana antes los preparativos de las ofrendas que permanecen todo el mes de noviembre.

Los elementos que componen el altar de muertos son el arco, una mesa de madera rectangular a la que en cada esquina se le coloca una vara de madera que representa las cuatro etapas de la vida (infancia, adolescencia, adulto y vejez); se doblan y se amarran las puntas formando dos arcos en los cuales los travesaños que significan el paso de los siete ríos mitológicos donde se purifican las almas.

Se cubren con ramas de estribillo, limonaria o palmilla; posteriormente se adornan con flores de muerto. Se continúa su adorno con frutos como naranja, lima, mandarina, limón dulce, pedazos de caña, plátanos manzano, todo ello amarrado con izote. El 1 de Noviembre se hace una velación con rezos y alabanzas y se inciensan las imágenes y el altar, continuando  la convivencia toda la noche. Los tenek, acompañan con algunas piezas que se tocan para la Danza de la Malinche.

Uno de los sones más populares es “El incienso, la ofrenda y la mesa”, la cual está compuesta de siete sones dedicados a la muerte. Después, se llevan las ofrendas a los panteones donde finaliza la fiesta, pero existe la creencia que las ánimas de los difuntos permanecen todo el mes de noviembre entre los deudos.