Viajes Forward: Mi lindo Michoacán

Por: Roxana Zepeda. (@TastyToursMX).

Siempre que alguien habla de Michoacán pasan por mi mente como las escenas de una película todos los recuerdos de mis viajes al pueblo de mi mamá, San José de Gracia. 

Yo conocí Michoacán antes de que la violencia estallara y se regara como pólvora por todo el estado, cuando el tema de los asesinatos se escuchaba sólo como casos aislados, o cuando esos hechos aún podían ocultarse en un disfraz de cordialidad entre cárteles de la droga. 

Hace 17 años, cuando iba de vacaciones a Michoacán, mis tíos no sentían temor de manejar por carretera, tampoco había camiones atravesados incendiados que nos impidieran el paso, ni mucho menos amenazas que pusieran en peligro la vida de la gente tranquila que no se metía con nadie. En aquel entonces me subía a la camioneta de mi tía y recorríamos algunos de los pueblos que había entre San José y Morelia: Sahuayo, Jiquilpan, Jacona, Tingüindín y Zamora, entre otros. 

En aquellas carreteras, como dice la canción "caminos de Michoacán y pueblos que voy pasando", conocí a mucha gente en las fiestas familiares y los paseos que organizaban mis tíos, vi paisajes hermosos y hasta ayudé a cosechar papas. Precisamente en esa última ocasión, tuve uno de mis días más felices hasta entonces: Me subí por la mañana en la caja de la Pick Up gris de mi tía Nena, junto con mi primo; recogimos a otras dos adolescentes de mi edad y a una señora y luego tomamos la carretera con rumbo desconocido. Aún recuerdo la sensación del aire fresco y limpio golpeando mi cara, era como sentir que respiraba la libertad en su expresión más pura hasta casi ahogarme con ella; las risas por los brincos de la camioneta y el polvadero que se levantó y nos empanizó cuando mi tía tomó un camino de terracería. Ese día vestía como indigente, con la playera, el pantalón y los tenis más feos que tenía. Llegamos a un sembradío de papas en medio de la nada, en un terreno por donde el tractor y el arado ya habían pasado, pero aún quedaban muchas papas de todos los tamaños esperando a ser recogidas por alguien. Nos bajamos de la camioneta y mi tía bajó unos costales en los que íbamos sentadas. Así, con el sol a plomo y cantando, nos pusimos a recolectar papas hasta llenar cuatro costales. Después en ese lugar hicimos un día de campo, comiendo sandwiches y refrescos de cola. Al atardecer, nos tiramos en el pasto simplemente a mirar el cielo, escuchar el viento golpeando los árboles y respirar los aromas de ese lugar natural. 

Regresamos a la casa de mi bisabuela felices con el botín de papas, sobra decir que comimos papas toda la semana en todas sus presentaciones y variedades. El gusto de mi tía esos días era darle una bolsita de papas a las visitas que llegaran y los amigos.

No se si algún día pueda volver a recorrer tranquila las carreteras de Michoacán en una Pick Up como aquel día, tal vez por eso atesoro tanto el recuerdo. Sin embargo hay muchos pueblos y ciudades de Michoacán que poco a poco han regresado a la tranquilidad después de la tormenta de violencia que los azotó, lugares con una riqueza cultural y gastronómica única en México, sitios ávidos de recibir de nuevo a los viajeros y mostrar parte de su belleza. Estos destinos se van recuperando, parecen florecer de nuevo y buscan la manera de recuperar algo de lo que perdieron: Los turistas y visitantes que disfrutaban de sus atracciones.

Por ello, el mes de junio en la página web de Forward, lo dedicaremos a la Ruta de Don Vasco, siete pueblos y ciudades michoacanas que han dejado huella y tienen mucha cultura, gastronomía y actividades que ofrecer a nacionales y extranjeros. 

En este mes también tendremos algunos destinos para visitar con los papás, hoteles, una cobertura especial por las marchas del orgullo gay en México y el mundo, además de algunas rutas de destinos nacionales que no puedes perderte.